sábado, 19 de febrero de 2011

EL CHINGLISH


A estas alturas, creo que ya ha quedado claro que cuando se celebraron los Juegos Olímpicos, China quería presentarse al mundo como un país moderno y a la altura de cualquier otro país occidental. Aparte de todo lo que os he ido contando (lo de pulir sus modales y la conversación)estaba la cuestión del idioma, y para facilitar a los miles de turistas que viajarían a China en esas fechas y en el futuro, decidieron traducir todos los carteles de Beijing al inglés.

Muchas veces el resultado fue un chinglish, que ríete tú del spanglish. Ya se sabe que las traducciones literales, a veces dan lugar a nombres graciosos o directamente incomprensibles, y como en la gramática china se construyen muchas frases al revés el resultado resulta desastroso (claro que los ingleses tampoco son los reyes del mambo en gramática).

A raíz de esos errores en los letreros, se abrió una línea telefónica para notificarlos
antes de que los juegos dieran comienzo para poder cambiarlos. La idea era manejar el inglés correctamente, así que se pidieron voluntarios que debían fotografiar el error y enviar la foto con la versión correcta. Este programa de idioma comenzó en 2002 e incluyó una estandarización de los nombres chinos de comidas, así en el menú de los restaurantes los nombres siempre serían los mismos (como veis, no dejaron ni un detalle al azar).

Porque el problema es que la comida china que conocemos los occidentales es prácticamente, toda comida cantonesa, debido a que la gran mayoría de población
china que emigró a otros países son originarios de Cantón y hablan cantonés, que es junto con el mandarín los únicos dialectos que tienen una forma escrita. Pero tiene algunos caracteres que en mandarín no existen y a los que son iguales les dan otro significado. Es el que se habla en Hong Kong y Macao, así como fuera de China.

Por ejemplo la palabra chocolate (巧克力) en mandarín se pronuncia: qiăokèlì y en cantonés: jyūgùlīk (manda narices). Es como si el gallego y el catalán se escribieran igual pero donde nosotros leemos chocolate, ellos leyesen batiscafo, o al revés, por poner un ejemplo. Si es que como vamos a entendernos, si no se entienden ni entre ellos.

Y lo mejor de todo, es que con esas pronunciaciones tan raras, están convencidos de que los idiomas se les dan fenomenal, porque los acentos no son ningún problema para ellos. Alejandro viene a veces del trabajo muerto de la risa porque le hablan en inglés convencidos de tener acento de Oxford y no les entiende nada, tiene que tirar de traductor. El otro día en un restaurante italiano, en lugar de comer risotto, según dijo el camarero comí lisoto (como en las películas, tal cual).

No hay comentarios:

Publicar un comentario